Durante años, las redes sociales vendieron una versión bastante particular de la vida: viajes, casas espectaculares, parejas perfectas, cuerpos imposibles, restaurantes, fiestas y sonrisas delante de una cámara. Pero detrás de esa imagen también existe otra realidad.
Algunos de los influencers y creadores de contenido más conocidos de España han hablado públicamente de ansiedad, ataques de pánico, depresión, presión social o dificultades relacionadas con la exposición constante.
Y aquí aparece una paradoja interesante: las mismas redes que pueden contribuir a generar presión también se han convertido en un escaparate para hablar de salud mental.
Ibai Llanos y sus ataques de ansiedad y pánico
Uno de los casos más conocidos es el de Ibai Llanos. El streamer ha contado públicamente que durante sus primeros años en Barcelona sufrió ataques de ansiedad y pánico.
En una entrevista concedida a EFE explicó que llegó a experimentar sensaciones físicas muy intensas, como pérdida de sensibilidad en brazos y piernas, sudores fríos y una sensación de que iba a morir. También contó que durante una época llegó a despertarse pensando únicamente en si ese día volvería a sufrir otro ataque.
Ibai también explicó que recurrió a profesionales y que con el tiempo aprendió a gestionar aquellos episodios. Su caso resulta especialmente relevante porque durante años se ha construido alrededor de él una imagen de enorme éxito profesional.
Millones de seguidores, grandes eventos, negocios y una exposición permanente. Y, sin embargo, esa vida aparentemente privilegiada no le impidió atravesar una etapa complicada.
Dulceida: «No puedo más»
Dulceida también decidió hablar públicamente de su situación emocional. En 2021 anunció que se alejaba temporalmente de las redes sociales para cuidar su salud física y mental.
La influencer explicó que estaba sometida a una situación que le estaba haciendo daño y que había llegado a un punto en el que necesitaba parar y pedir ayuda. Su decisión tuvo una lectura especialmente interesante.
Una creadora cuya profesión consiste precisamente en estar permanentemente conectada decidió hacer algo que parece casi contradictorio para un influencer: desaparecer.
Y quizá esa sea una de las decisiones más difíciles que puede tomar alguien cuyo trabajo depende de mantener la atención de su audiencia.
Laura Escanes y la ansiedad provocada por la exposición
Laura Escanes lleva años hablando públicamente sobre salud mental. La creadora de contenido ha explicado cómo los comentarios, las críticas y la percepción que otras personas tienen sobre ella han influido en su bienestar. También ha hablado de la importancia que ha tenido la terapia en su proceso.
En 2026 volvió a abordar el tema en su pódcast y reconoció haber sufrido ansiedad en diferentes momentos de su vida. Según explicó, la terapia le ha proporcionado herramientas para acortar los períodos en los que entra en esos bucles de ansiedad.
Su experiencia muestra una de las grandes peculiaridades de ser una persona conocida en internet: cientos de miles de desconocidos pueden opinar diariamente sobre tu vida.
Y aunque un influencer pueda parecer acostumbrado a ello, eso no significa que las críticas dejen de afectar.
María Pombo: «Me da miedo decir en alto que tengo ansiedad»
Otro caso conocido es el de María Pombo. Durante una conversación con Luc Loren, explicó que había experimentado una época de mayor ansiedad durante el confinamiento y reconoció que le resultaba difícil hablar de ello públicamente debido a su situación de privilegio.
Su razonamiento era bastante revelador: podía sentirse afortunada por muchas cosas y, al mismo tiempo, encontrarse mal. Esa aparente contradicción es importante.
Tener dinero, fama, seguidores o una vida aparentemente cómoda no elimina automáticamente los problemas emocionales. Pombo explicó que incluso tenía miedo de decir públicamente que sufría ansiedad porque sabía que algunas personas podían cuestionar que tuviera derecho a sentirse así.
Cuando hablar ayuda… y cuando puede convertirse en contenido
Aquí comienza la parte más complicada. Que un influencer hable de salud mental puede ser positivo. Ayuda a romper determinados tabúes y puede hacer que una persona que está atravesando una situación similar comprenda que no es la única.
Cada vez es más habitual encontrar vídeos que pretenden explicar cuestiones psicológicas complejas en unos pocos segundos. Y algunos especialistas han advertido precisamente de este fenómeno.
Un reportaje de El País recogía las críticas de psicólogos y personas con diagnóstico de depresión ante la banalización de determinadas enfermedades mentales en redes sociales. El problema, según los expertos consultados, es que simplificar determinados trastornos puede favorecer el autodiagnóstico o incluso tratamientos inadecuados.
No todos los influencers hablan de salud mental de la misma manera
Y aquí conviene establecer una diferencia.
No es lo mismo decir:
«Esto me ocurrió a mí y busqué ayuda profesional»
que afirmar:
«Si tienes estos cinco síntomas, tienes ansiedad».
La primera es una experiencia personal. La segunda puede convertirse fácilmente en una especie de diagnóstico improvisado. Precisamente por eso algunos profesionales han pedido mayor responsabilidad a los creadores que hablan sobre salud mental.
Los influencers pueden ayudar a normalizar que una persona pida ayuda. Pero no sustituyen a un psicólogo o a un psiquiatra.
¿Es bueno que los influencers hablen de salud mental?
La respuesta depende mucho de cómo lo hagan. Cuando alguien cuenta su experiencia personal, reconoce sus límites y anima a buscar ayuda profesional, puede contribuir a reducir el estigma.
Pero cuando una enfermedad se convierte en una etiqueta de moda, en un diagnóstico de 30 segundos o en una herramienta para conseguir visitas, la situación cambia. La salud mental no debería necesitar millones de reproducciones para ser tomada en serio. Y tampoco debería convertirse en otra categoría de contenido diseñada exclusivamente para conseguir engagement.
Quizá la verdadera evolución de las redes sociales no consista en conseguir que los influencers enseñen cada vez más de sus vidas. Quizá consista precisamente en entender que hay cosas que no necesitan convertirse en contenido. Porque hablar de salud mental puede ayudar.
Pero una persona con ansiedad, depresión o cualquier otro problema psicológico necesita algo bastante más importante que un vídeo viral: ayuda adecuada, tiempo y profesionales que sepan cómo tratarlo.
