Sí. La etiqueta no crea el anuncio. Lo crea el trato. Si hay producto, marca y contraprestación —dinero, viaje, caja, comisión, alojamiento—, el contenido es comercial. Llevar o no la palabra publi solo dice si lo reconoces o lo disfrazas. La ley ya lo pedía. La LSSI obliga a que la comunicación comercial se identifique como tal. La Ley de Competencia Desleal trata de publicidad encubierta el mensaje que se hace pasar por opinión del influencer/creador de contenido. Asimismo, conviene recalcar que el Código de Conducta sobre publicidad a través de influencers, que está en vigor desde octubre de 2025 (AUTOCONTROL, aea e IAB Spain), lo baja a las redes: si el carácter comercial no salta a la vista, hay que señalarlo en el acto, al inicio, en el idioma del mensaje.
Qué vale y qué no
Vale si el contenido queda marcado con etiquetas como publi, publicidad, colaboración pagada, patrocinado por, embajadora de [marca]. Vale la etiqueta nativa de la plataforma (colaboración pagada en Instagram, contenido promocional en TikTok o YouTube). No vale colab, sponsor, sp, ad, gracias por el envío, regalo de, info, un hashtag al final ni la palabra escondida detrás de “ver más”. Tampoco un publi en cuerpo 6, del color del fondo, un segundo en el Story. El Código lo dice: la indicación tiene que ser clara e inmediata. Si hay que buscarla, no está. En Stories el truco es viejo: la marca llena la pantalla y la etiqueta dura un frame. En el Reel, el packshot primero y publi en el segundo 28. Eso no es transparencia. Es cumplir el trámite para la captura del jurídico.
No hace falta contrato a la vista
El Código de 2025 permite deducir que hay publicidad por un conjunto de indicios: la mención, el tono, las circunstancias, el producto en mano el mismo día que otras veinte cuentas. Sin factura delante, sigue pudiendo ser anuncio. Marca y creador responden. “Me lo enviaron” no anula la norma. El código descuento es un indicio más, no un sustituto de la etiqueta. El cupón no informa: vende. La palabra que falta sigue siendo publi.
De hecho, una de las razones por las que cada vez son más las personas que apuestan por desconfiar de los influencers españoles se debe a la falta de transparencia que ofrecen en sus campañas promocionales. Los seguidores ya no saben distinguir si se trata de una recomendación de un producto que usan habitualmente o, por el contrario, de un trámite puramente comercial. Adquirir un artículo de baja calidad por la recomendación de un influencer es una forma de perder confianza y credibilidad.
Cómo se ve en treinta segundos
Mismo producto, mismo fin de semana, mismo guion. Un viaje que “ha salido”. Un unboxing sin precio ni pega. Un “os dejo el enlace” sin decir comisión. Un “no es publi, de verdad” de cuarenta segundos. Si la marca gana con esa frase, es anuncio. El seguidor no tiene que hacer de inspector. Quien cobra, etiqueta.
En Boicot Influencers no pedimos un sello bonito. Pedimos que el anuncio se llame anuncio desde la primera línea. Lo otro es el mismo inventario: audiencia, confianza y una palabra escondida para no romper el hechizo.
