Una story de Instagram puede durar 24 horas. El trabajo que hay detrás, en cambio, puede valer bastante más. Cuando vemos a un influencer recomendando una crema, mostrando el menú un restaurante o diciendo que utiliza determinado producto, es fácil pensar que simplemente ha grabado un vídeo de unos segundos. Pero si detrás hay una colaboración pagada, esa story tiene un precio.
¿La pregunta es cuánto? La respuesta corta es: depende muchísimo.
No existe una tarifa oficial por publicar una story. Un influencer con 20.000 seguidores puede cobrar más que otro con 100.000. Y alguien con un millón de seguidores puede tener dificultades para conseguir una campaña si su audiencia apenas interactúa con sus publicaciones.
Entonces, ¿qué se tiene en cuenta para poner precio a una story?
Los seguidores son solo el principio
Durante mucho tiempo, el número de seguidores parecía ser la medida más importante. 10.000 seguidores. Una tarifa. 100.000. Otra. Un millón. Una tarifa mucho mayor.
Pero el mercado de la publicidad con influencers se ha vuelto bastante más sofisticado. Una marca no solo quiere saber cuánta gente sigue a una cuenta. También quiere saber cuántas personas ven sus stories, cuántas responden, cuántas hacen clic y, sobre todo, si esa audiencia puede estar interesada en el producto. Porque de poco sirve pagar por aparecer delante de un millón de personas si prácticamente nadie presta atención.
¿Cuánto puede cobrar?
No hay una tabla universal, pero podemos hablar de rangos orientativos. Un creador pequeño, con unos pocos miles o decenas de miles de seguidores, puede cobrar desde cantidades relativamente modestas por una story. Cuando hablamos de perfiles con decenas de miles de seguidores y una comunidad activa, las tarifas pueden subir considerablemente.
Y en perfiles grandes, con cientos de miles o millones de seguidores, una única story puede formar parte de campañas que cuestan cientos o incluso miles de euros. Pero cuidado con convertir estos rangos en una regla.
Dos influencers con exactamente el mismo número de seguidores pueden recibir ofertas completamente diferentes. Ahí está precisamente la parte interesante.
Lo que realmente mira una marca
Imaginemos dos cuentas. Ambas tienen 200.000 seguidores. La primera consigue 4.000 visualizaciones en sus stories y apenas recibe respuestas. La segunda consigue 80.000 visualizaciones, recibe mensajes constantemente y tiene una audiencia muy relacionada con el producto que se quiere anunciar.
¿A cuál elegirías? Probablemente a la segunda. Y probablemente también estaría en posición de pedir más dinero. Por eso el engagement importa tanto. El engagement intenta medir el nivel de interacción que existe entre una cuenta y su audiencia. Likes, comentarios, respuestas, compartidos, visualizaciones… No es una ciencia perfecta, pero proporciona mucha más información que el número de seguidores por sí solo.
Y esto conecta directamente con algo que ya hemos contado en Boicot Influencers: el engagement comprado puede hacer que una cuenta parezca mucho más grande de lo que realmente es.
También importa quién está mirando
No vale lo mismo una audiencia que otra. Una influencer de belleza con 80.000 seguidores interesados en maquillaje puede resultar especialmente atractiva para una marca de cosméticos. En cambio, un creador de contenido deportivo puede ser mucho más interesante para una marca de zapatillas. Y un influencer especializado en tecnología puede tener una audiencia pequeña pero muy valiosa para una empresa que vende móviles u ordenadores.
Por eso las marcas también analizan la edad, ubicación e intereses de los seguidores. Una cuenta de 50.000 seguidores puede tener muchísimo valor si esos seguidores son exactamente el público que necesita una determinada marca.
Y luego está el tipo de story
No todas las stories publicitarias son iguales. No es lo mismo publicar una fotografía con un enlace que grabar un vídeo hablando durante varios minutos del producto. Tampoco es igual que el influencer simplemente publique el contenido proporcionado por la marca a que tenga que preparar el guion, grabar, editar y responder después a las preguntas de sus seguidores.
El trabajo también se paga. Y en algunas campañas la marca puede pedir varias stories consecutivas, un enlace, una mención concreta o incluso que el contenido permanezca guardado en destacados. Ahí el precio puede cambiar bastante.
¿Y si además pide exclusividad?
Este es otro detalle que muchas veces no vemos desde fuera. Una marca puede pedir al influencer que durante determinado periodo no trabaje con empresas competidoras.
Por ejemplo, si una compañía de bebidas paga una campaña, podría no querer que el influencer promocione otra marca similar durante las siguientes semanas. Eso limita las posibilidades del creador de aceptar otras campañas. Por tanto, la exclusividad también puede encarecer el acuerdo.
Una story puede ser solo una parte del contrato
Además, muchas veces vemos una story y pensamos que eso es toda la colaboración.No necesariamente.
Una campaña puede incluir:
- Una o varias stories.
- Una publicación en Instagram.
- Un Reel.
- Contenido para TikTok.
- Enlaces.
- Código de descuento.
- Aparición del producto durante un vídeo.
- Derechos para que la marca utilice posteriormente ese contenido.
Y aquí aparece otra diferencia importante. No es lo mismo pagar a un influencer para que publique un vídeo en su propia cuenta que pagarle para que además permita a la marca utilizar ese vídeo durante meses en sus propios anuncios. Son cosas diferentes y deberían valorarse de manera diferente.
¿Se puede ganar mucho dinero haciendo stories?
Sí. Pero eso no significa que todos los influencers estén cobrando cantidades enormes por cada publicación.
El mercado es muy desigual. Hay creadores que pueden vivir de varias colaboraciones al mes y otros que tienen cientos de miles de seguidores pero pocas campañas. Además, los ingresos no proceden únicamente de Instagram. Muchos influencers combinan publicidad con YouTube, TikTok, afiliación, productos propios, eventos o contratos con marcas.
Por eso calcular cuánto gana alguien mirando únicamente sus stories puede llevarnos a conclusiones bastante equivocadas. En Boicot Influencers ya hablamos de cuánto dinero pueden ganar los influencers, y la conclusión era precisamente esa: el número de seguidores no cuenta toda la historia.
¿Y qué pasa con un influencer que tiene un millón de seguidores?
Aquí volvemos a una pregunta que nos interesa especialmente. ¿Vale lo mismo una cuenta con un millón de seguidores que otra con un millón? No. Una cuenta puede tener una audiencia enorme pero poco activa. Otra puede conseguir que decenas de miles de personas respondan a cada recomendación.
Por eso un millón de seguidores no es lo mismo que tener un millón de personas prestándote atención.
Y tampoco debemos olvidar otro problema: la calidad de esa audiencia. Si existen seguidores falsos, cuentas inactivas o crecimiento artificial, el número puede resultar bastante engañoso.
De hecho, hay algunas señales que podemos observar para detectar si una cuenta podría tener seguidores comprados, aunque ninguna de ellas demuestra por sí sola que exista fraude. Aquí explicamos cómo detectar esas señales.
Entonces, ¿cuánto cobra realmente?
La respuesta más honesta es que no podemos saberlo simplemente mirando el perfil de Instagram.
Una story puede costar relativamente poco en una cuenta pequeña o formar parte de una campaña de miles de euros en una cuenta grande. Entre medias hay todo un mercado en el que influyen los seguidores, las visualizaciones, el engagement, el sector, la audiencia, el trabajo necesario, la exclusividad y los derechos que solicita la marca.
Y hay otra cosa que también cuenta: cuánto poder tiene ese influencer para conseguir que alguien haga algo. Porque una story no vale por los 15 segundos que aparece en pantalla. Vale por lo que puede ocurrir después. Si alguien ve el producto, entra en el enlace, utiliza el código de descuento y termina comprando, la marca probablemente considerará que esos segundos han sido dinero bien invertido.
Si nadie hace nada, tener una cifra enorme junto al nombre de Instagram sirve de bastante menos. Al final, volvemos al mismo punto.
Un influencer no cobra por tener seguidores. Cobra por la capacidad que tiene de llamar la atención de esos seguidores y, en determinados casos, de convertir esa atención en resultados.
Y eso es bastante más difícil de medir que un simple número.
