Las redes sociales han conseguido que prácticamente cualquier momento de nuestra vida pueda convertirse en contenido. Una cena, un viaje, una conversación, una salida con amigos o incluso algo tan cotidiano como conducir. El problema aparece cuando la creación de contenido empieza a competir con una actividad que requiere toda nuestra atención.
Hacer un directo mientras se conduce, grabar vídeos al volante, leer comentarios de los espectadores o interactuar con una audiencia en tiempo real puede parecer una actividad más dentro de una retransmisión. Pero detrás de una pantalla hay algo que no debería olvidarse: un vehículo circulando por una carretera. Y ahí el entretenimiento puede convertirse en un riesgo.
El directo puede esperar
Un streamer o creador de contenido tiene una presión añadida que quizá no tenga un conductor convencional: mantener entretenida a una audiencia. Leer un comentario, responder a una pregunta, mirar quién se ha conectado o comprobar cómo está funcionando una retransmisión puede parecer algo que apenas ocupa unos segundos. Pero esos segundos se producen mientras el vehículo continúa avanzando.
La Dirección General de Tráfico recuerda que las distracciones pueden ser visuales, físicas, auditivas o cognitivas y que el teléfono móvil es una de las principales fuentes de distracción al volante. En 2024, las distracciones estuvieron presentes en el 30% de los siniestros mortales registrados.
Por eso, el problema no consiste únicamente en sujetar el móvil con la mano. También puede existir una distracción cuando la mirada se dirige hacia una pantalla, cuando la mente está pendiente de una conversación que se desarrolla en Internet o cuando se manipula un dispositivo mientras se conduce.
“Pero está en un soporte”
Es uno de los argumentos que pueden aparecer cuando se habla de este tipo de contenidos. El teléfono está colocado en un soporte. El conductor tiene las dos manos en el volante. La cámara está grabando y aparentemente todo está bajo control. Pero conducir no consiste únicamente en mantener las manos sobre el volante.
La DGT recuerda que apartar la atención de la carretera, incluso durante periodos breves, reduce la capacidad de reacción ante los imprevistos. Entre las conductas que identifica como problemáticas están precisamente mirar el móvil, consultar redes sociales o manipular dispositivos.
Además, existe una diferencia importante entre llevar un dispositivo como ayuda para la conducción y utilizarlo como una herramienta de entretenimiento mientras se circula. Un navegador programado antes de iniciar el trayecto tiene una finalidad concreta. Un directo en el que el conductor está pendiente de los comentarios de cientos o miles de personas es otra historia.
¿Qué ocurre si aparece un imprevisto?
La carretera no avisa. Un vehículo puede frenar de repente. Un peatón puede cruzar. Una motocicleta puede aparecer en un ángulo inesperado. Un coche puede cambiar de carril.
En esas situaciones no existen comentarios, seguidores ni visualizaciones que importen. Lo único que importa es haber estado prestando atención.
La propia DGT explica que los conductores distraídos tienden a tener tiempos de reacción más largos y pueden percibir peor la información que llega desde el entorno del tráfico.
Y ahí está la contradicción de este tipo de contenido: para conseguir unos minutos de entretenimiento para una audiencia, se puede estar poniendo en riesgo algo que no tiene posibilidad de repetirse.
Son muchos los ejemplos que podemos encontrar en la red y uno de los episodios más virales lo protagonizó la creadora de contenido Alana Flores, quién tuvo un percance con el coche mientras estaba emitiendo en directo. El vídeo se viralizó rápidamente en redes sociales.
La responsabilidad también está al otro lado de la pantalla
Hay otro aspecto del fenómeno que merece reflexión. Cuando sabemos que alguien está conduciendo, quizá también deberíamos preguntarnos si nosotros mismos estamos contribuyendo a mantener esa distracción. La DGT ha señalado que el problema no está únicamente en quien utiliza el teléfono, sino también en el entorno que genera o mantiene esa comunicación.
Si sabemos que una persona está conduciendo, puede esperar una respuesta. Un comentario puede esperar. Un mensaje puede esperar. Un directo puede terminarse y volver a empezar cuando el vehículo esté estacionado.
El contenido no debería estar por encima de la seguridad
Las redes sociales han convertido la inmediatez en una parte fundamental de su funcionamiento. Todo parece tener que suceder ahora: la respuesta, el vídeo, el directo, la reacción y el comentario.
Pero hay situaciones en las que la inmediatez debería perder siempre. Conducir es una de ellas. No se trata de demonizar a los streamers, a los influencers ni a quienes crean contenido. Tampoco de señalar a una persona concreta por una grabación. Se trata de entender que existen actividades que simplemente no deberían mezclarse. Porque un creador puede volver a emitir mañana.Lo que no se puede recuperar es una vida.
El directo puede esperar. La carretera, no.
