Hay algo bastante surrealista en la escena. Naomi Osaka está disputando un partido en el US Open. El público está pendiente de cada punto. La concentración es máxima. Y, en uno de los palcos, alguien está utilizando un aro de luz para grabar contenido.
No es una exageración ni una escena inventada para hacer una crítica a las redes sociales. Ocurrió durante el partido de Osaka contra Anastasia Zakharova y el juez de silla Kader Nouni terminó pidiendo a varias personas del palco que se sentaran. El momento se hizo viral.
El US Open también quiere influencers
Conviene empezar por aquí: que haya influencers en un gran acontecimiento deportivo no tiene nada de extraño. Los grandes torneos quieren público, atención y repercusión. Y los creadores de contenido pueden proporcionar precisamente eso.
Según informó LatinUS, la USTA acreditó a cerca de 100 creadores para el US Open de 2026, frente a 54 en 2025. El objetivo es acercar el torneo a nuevas audiencias y mostrar una experiencia que va mucho más allá de los partidos: gastronomía, tiendas, espectáculos y ambiente.
Hasta aquí, todo tiene sentido. El problema aparece cuando el creador deja de enseñar el evento y empieza a comportarse como si el evento existiera para proporcionarle un escenario.
¿El partido es el contenido o el decorado?
Esta es la pregunta interesante. Un influencer puede acudir al US Open, grabar vídeos, enseñar el estadio, hablar de la experiencia y publicar fotografías. Perfecto.
Pero hay una diferencia enorme entre crear contenido sobre un evento y utilizar un evento como simple decorado para crear contenido. En el primer caso, el protagonista sigue siendo el torneo. En el segundo, el torneo se convierte en el fondo. Y cuando eso ocurre durante un partido, la frontera se hace todavía más evidente. Es difícil no preguntarse quién es el protagonista.
No es una cuestión de estar o no estar
También sería demasiado sencillo decir que los influencers no deberían estar en los grandes eventos deportivos. Claro que pueden estar. Y seguramente tengan un papel cada vez más importante.
Un torneo de tenis no compite solamente con otros torneos. Compite con TikTok, YouTube, Instagram, Netflix, videojuegos y cualquier cosa que pueda robar unos minutos de atención.
Los organizadores lo saben.
Por eso invitan a creadores.
Por eso les dan acceso.
Por eso les ofrecen experiencias que puedan convertir en contenido.
El problema no es que exista esa estrategia. El problema es dónde se pone el límite.
Jessica Pegula puso el dedo en la herida
La tenista estadounidense Jessica Pegula no criticó la presencia de influencers en general. De hecho, reconoció que pueden ayudar a enseñar a la gente una parte del US Open que quizá no conocía.
Pero también criticó el comportamiento visto durante el partido de Osaka y señaló que la situación parecía haberse ido “un poco de las manos”. Consideró especialmente irrespetuoso que hubiera personas haciendo fotos y utilizando luces mientras las jugadoras estaban compitiendo.
Y aquí aparece una diferencia fundamental. El influencer puede marcharse del estadio y publicar el vídeo. La tenista no puede salir de la pista cuando alguien decide que necesita una mejor iluminación para su Story.
El algoritmo no entiende de respeto
Esta es quizá la parte más incómoda. El algoritmo no sabe que Naomi Osaka está concentrada. No sabe que el juez de silla necesita silencio. No sabe que alguien ha pagado cientos de dólares por una entrada. Solo detecta que una escena genera interés.
Un vídeo de un influencer grabando en un palco puede conseguir más reproducciones que algunas jugadas del partido. Y eso crea un incentivo muy poderoso.
Lo que llama la atención se repite.
Si hacer una sesión de fotos en un evento deportivo genera miles de visualizaciones, alguien volverá a hacerlo. No necesariamente porque sea una persona irrespetuosa. Simplemente porque las redes premian la atención.
El influencer también se ha convertido en parte del espectáculo
Y quizá debamos aceptar que esto no va a desaparecer. Los influencers forman parte del entretenimiento moderno. Los grandes eventos los necesitan y los utilizan.
Pero precisamente por eso deberían existir unas reglas claras.
Puedes grabar.
Puedes fotografiarte.
Puedes enseñar el ambiente.
Puedes contar cómo es estar allí.
Lo que no debería ocurrir es que el contenido interfiera con aquello que has ido a cubrir. Porque entonces sucede algo absurdo: el evento necesita al influencer para conseguir atención y, al mismo tiempo, el influencer necesita que el evento exista para conseguir contenido.
Es una relación de dependencia mutua. Pero hay una jerarquía que no debería perderse.
